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El día de mi boda en Les Claus de Sant Pere

14 - 08 - 2014

Decidir el restaurante para la celebración de una boda, como es mi caso, me producía estrés y algo de ansiedad, máxime cuando mi prometido se descolgó con un “lo siento Carme, no podré escoger contigo el escenario de la celebración de la cena de nuestra boda, en un par de días salgo de viaje y no vuelvo hasta dentro de dos semanas”. Y yo me quedé como quien dice con cara de pánfila y con un buen marrón. Lucas es un ejecutivo freelance viajero cuya dedicación profesional en el mundo de internet, le tiene en constante movimiento y a pesar de sus continuas promesas de “que cuando nos casemos te aseguro que mis viajes serán puntuales”, la primera en la frente. Tengo que decidir yo sola…, aunque el ipad de Lucas no dejará de recibir mensajes, fotos y videos. Decididamente, aunque sea a través de un soporte virtual, también tendrá que mojarse con la decisión. ¡Faltaría más!.

Me puse manos a la obra, o más bien a la búsqueda y después de decenas de páginas web y horas de dedicación, recordé la boda de mi amiga Lucía en el restaurante Les Claus de Sant Pere, cerca de Montcada i Reixac, cuando todavía Lucas no había hecho acto de presencia en mi espacio. Mis recuerdos eran claros de la ceremonia, que se celebró en una carpa habilitada para ello, de las conversaciones durante el aperitivo, del excelente banquete que preparó el chef Jordi Anglí, pero después, durante la fiesta y bailoteos varios, con alguna copita que nubló mi cerebro y una señal de peligro para no caer en la piscina, mis sensaciones eran de habérmelo pasado muy bien, eso sí, acompañadas de los típicos revoloteos de los solteros que también participaban en la celebración. Llamé a mi amiga Lucía y le pedí referencias de la persona de contacto del restaurante. Me comentó que hablara con Joan Hernández. Así que, contacté con él y quedamos para el sábado siguiente.

El acceso desde Barcelona a Les Claus de Sant Pere es práctico y sencillo, aspecto que me produjo seguridad para el desplazamiento de los invitados y cuando llegué al establecimiento, la amplia zona de estacionamiento me tranquilizó totalmente. Bajé del coche y lo primero que sentí fue una sensación de bienestar. ¿Cómo es posible tanta tranquilidad a escasos quilómetros del bullicio barcelonés? -me pregunté-. La carretera que une Montcada con Badalona, discurre por la Serralada de La Marina, y ofrece la sensación de estar circulando por una carretera de montaña de los Pirineos y además, no posee mucho tráfico. Joan me esperaba con una amplia sonrisa y me sugirió realizar un paseo por la finca por un camino enlosado que circunda todo el establecimiento. “Así verás las posibilidades que tenéis para que vuestros invitados se encuentren a gusto”, me decía. Me quedé impresionada por los miles de metros cuadrados de la finca, sin construcciones que linden con ella y la multitud de terrazas,  jardines y espacios que permiten opciones para celebraciones, caminar y disfrutar del entorno. Además pensé en los tacones que se pasearían esa noche por el recinto y llegué a la conclusión de que los accesos eran adecuados. Pasada esa primera fase, con cierto miedo en el cuerpo, aunque fotografiando y filmando todo el entorno, nos dirigimos al edificio, núcleo de la contienda del banquete. Pretendía que Lucas tuviera información en tiempo real y que cada etapa de mi recorrido fuera compartida.

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  El establecimiento está dividido en dos plantas muy luminosas, “vaya -pensé- quizás deberíamos haber organizado una comida en lugar de una cena…, pero la magia de la noche me puede”. La primera posee un gran salón que según explicaba Joan es adecuado para aperitivos a cubierto si estamos en fechas invernales o para convenciones de empresas y los amplios ventanales nos ofrecen unas excelentes vistas del Tibidabo. Incorpora una cocina para catering y posee acceso directo a las terrazas laterales. Y llegamos a la planta inferior, lugar donde me sentiría como una reina y vivir con Lucas nuestra celebración con familiares y amigos. Ya estaba dando al play de mi ipad para enviar después la filmación a mi querido ausente, grabando planos de la enorme estancia que puede acoger hasta 300 invitados, los ventanales desde los que se pueden contemplar la piscina y la zona de bailoteo, aquella en la que perdí un grado de consciencia y que permite ser amenizada por un dj o un grupo musical. Con acceso a una gran cocina profesional en la que en nuestro caso también estaría presente el chef Jordi Anglí, para que la parte gastronómica fuera la que sorprendiera a nuestros invitados. La verdad es que estaba totalmente satisfecha de lo contemplado y después de enviar un arsenal de fotos y vídeos, conecté con el freelance viajero. Lucas simplemente dijo un “sí, quiero” y con ello sólo me quedó esperar al que pronunciaría el día de nuestra boda. El final, feliz, como no podía ser de otra manera. Con éste, ya guardo dos entrañables recuerdos de Les Claus de Sant Pere.

Les Claus de Sant Pere

 

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