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Tres años de diálogos con el chef Jordi Anglí

30 - 09 - 2016

Cuando acordé con Jordi Anglí que gestionaría su comunicación desde Linedos, inmediatamente me di cuenta de la dificultad que significaba transmitir las vivencias de un chef que no tiene ni un segundo para respirar. Su proyecto profesional está repleto de retos gastronómicos y las conversaciones con Jordi han propiciado el nacimiento de bastantes capítulos en el blog de su web, con propuestas que han creado una elaborada carta basada en recetas, reflexiones, alguna crítica y consejos de su asesoría gastronómica. Porque detrás de las personas siempre hay historias que contar y no necesariamente con el objetivo de exaltarlas, sino para que sus conocimientos y reflexiones lleguen de una forma natural, sin utilizar un estilo recurrente y carente de concepto.

El día D quedamos en su base operativa del restaurante El Xalet de Montjüic para profundizar en la estructura de su web y qué cosas debíamos publicar en la web, blog y redes sociales. Previamente había dado vueltas a varias ideas y conceptos y finalmente decidí proponerle un par de opciones basadas en una con estructura clásica y otra más actual, muy visual, con un concepto en el que la imagen fuera la protagonista.

Una vez llegué a la enormidad del restaurante, que visto desde fuera para quien lo desconozca no lo parece, entré en una terraza-recibidor desde la que se puede contemplar las diversas terrazas exteriores y la zona de restaurante cubierto, separada de la construcción vecina por un inmenso muro que soporta las gradas de las piscinas municipales de Montjüic. Entré en la inmensidad de la sala cubierta superior e informé a la recepcionista de mi cita con Jordi. Me indicó que lo encontraría en las cocinas y cuando me dirijí a la escalera de acceso, no pude más que pararme para contemplar desde unos inmensos ventanales unas tentadoras y panorámicas vistas de Barcelona del lado montaña, como decimos los barceloneses. Era a primera hora de la mañana y el restaurante imponía sin clientes. Ante tanta inmensidad de visión de la ciudad, me sentí como cuando visito una de las muchas catedrales en las que he tenido oportunidad de quedarme fascinado por la grandiosidad del espacio y sobre todo por el silencio, solo quebrado por la presencia de unas cuantas feligresas (porque normalmente son mujeres) que, en el caso de este templo de la restauración, estaban representadas por la recepcionista y el equipo de sala.

Bajé las escaleras de acceso a la cocina y rápidamente localicé a Jordi, frente a los fogones controlando una inmensa olla al “chup chup”, humeante, rodeada de un mar de acero que imaginé que cada día se enfrentaba a la galerna provocada por el movimiento de utensilios y platos en la hora del servicio.

El blanco impoluto presente en las chaquetillas de los cocineros que ya trabajaban, destacaba en la suya con un bordado con su nombre. Un “¿Qué tal Jose?” y una extensión del brazo con la mano abierta, fueron el inicio de la charla que mantuve con Jordi Anglí.

Sólo disponía de 15 minutos y, atento, (Jordi es de los que escuchan) brevemente comentamos cosas intrascendentes. “Per anar per feina”, conecté mi portátil para visualizar maquetas que acompañaba con mis explicaciones. Mostraba una mezcla de curiosidad y sorpresa que yo entendí como un “menos mal que he acertado”, porque en la mayoría de los casos, cuando propones cómo organizar la comunicación de un cliente, primero debes ir a un campo de cebollas, estirar de unas cuantas e intentar comprender que es lo quiere su cultivador para definir la comunicación más adecuada.

Como suponía, la opción visual fue la ganadora y propició el inicio de intensos trabajos de diseño web, fotografía y redacción de textos. Su carta de comunicación se cerró con la incorporación de perfiles para redes sociales y desde aquel momento iniciamos un camino que tres años después está repleto de complicidades, alrededor de un espacio que proyecta a los usuarios su vida como chef, por el que sacrifica su escaso tiempo libre, ocupado por las maratonianas jornadas de trabajo que implican más de diez horas de trabajo diario y en muchas ocasiones varias semanas sin tener un día de descanso.

El fogón en el que se cocina su comunicación sigue activo como el primer día. Sí es cierto que en muchas ocasiones debo perseguirle para conseguir alguna información y, a pesar de que sus otros fogones requieren su plena dedicación, siempre consigo ese folio que dará lustre a su plataforma jordiangli.com.

Jose Rabadán

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