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La cocina está cerrada

07 - 10 - 2016

Alguien dijo que el oficio de cocinero tiene mucho de espiritual y determinante en el estado de ánimo de las personas. Nada más lejos de la realidad, y añadiría que nuestro trabajo satisface los sentidos, adoptando conceptos como adictivo, social, saludable, y los muchos que se pueden añadir, aunque para aquellos que no son fans de la gastronomía, solo signifique una dosis de mantenimiento para subsistir.

Este noble oficio de cocinero también tiene mucho de vocacional: nos preparamos en escuelas, fijamos nuestras metas, nos ilusionamos con sueños que incluyan estrellas Michelin o llegar a ser referentes en el sector, todo un paradigma que con sus luces y sombras nos gratificará o nos resultará gravoso. Lo que descubrimos al poco tiempo de inciar nuestro primer trabajo en una cocina, es que nuestra vida resultará un sacrifico contínuo y nuestros horarios serán diferentes del resto la mayoría de las ocupaciones laborales. Horarios que se alargan más allá de las míticas 48 horas semanales y que yo prefiero no cuantificar, una exigencia contínua de aprendizaje y dedicación para convertirnos en chef, gratificándonos con los platos que preparamos, todo ello para que lo que a nosotros nos resulta espiritual, para algunos comensales contemplen nuestro trabajo como servilismo.

Me explico. ¿Cuántas veces alguno de los que me estáis leyendo habéis tenido un quehacer que os ha provocado saltar la hora de la comida o la cena?. Y solos o con acompañantes, ¿habéis decidido ir a un restaurante a una hora intempestiva?. Hasta a mí me ha sucedido, y acudir a uno en horarios “out the service”, me hará entender la frase “la cocina está cerrada, tiene sus horarios”. Pero algunos ni se la plantean, piensan que un restaurante es un servicio público que les atenderá a cualquier hora y cuando tienen que interpretar la frase anterior, no se cuestionan nada, creen que sus horarios se deben adaptar a sus necesidades. Quizás pensando que como su estómago está falto de alimento, deben gratificarlo con un capricho gastronómico y ¡hasta escogen el restaurante que les repare sus carencias y de paso su antojo!. Lo peor del caso son las muchas frases malsonantes que he debido escuchar y los gestos con las que las acompañan, no entendiendo que “su cocina” está cerrada.

Lo curioso, es que estas personas entienden con absoluta normalidad que si deben acudir a su dentista, se adaptarán a las horas que tenga disponible y esperá los días necesarios. O lo que es peor, si viajan a otro país lo de los horarios de cocina ¡hasta lo asumen sin quejarse!, comentando aquello de que como en mi país no se vive en ningún otro. Podría espeficiar multitud de ejemplos de cómo se respetan los horarios de multitud de lugares, y la mayoria lo hacemos aquí y allí.

Pero lo que no acepto son muchas de las reacciones de mala educación y prepotencia cuando se les indica que la cocina ha cerrado.

No quiero pecar de irreverente, pero después de bastantes años en el oficio, los malos modos y la prepotencia empiezan a ser incompatibles con mi entendimiento humano y profesional. Apelo a la concienciación de esas personas a que asuman que nuestro trabajo tiene mucho de sacrificio y merece ser respetado como profesionales y seres humanos.

4 Respuestas

  1. Totalmente de acuerdo ! Vocacion de servicio y servilismo se confunden amenudo. I las faltas de educacion y respeto son intolerables.
    Despues de 12 horas nom stop trabajando con dedicacion que alguien de malos modos imsinue que no tienes ganas de trabajar porque media o una hora despues de cerrar la cocina …no quieres servirle…..es un reto a la pacirncia i destreza en atencion al cliente….

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